En la más reciente sesión de nuestra Escuela de Padres, abordamos un tema profundo y necesario: la protección de nuestras niñas frente a distintas formas de abuso, haciendo énfasis en la violencia sexual y psicológica. Este encuentro tuvo como objetivo brindar a madres, padres y cuidadores herramientas prácticas y comprensibles para que puedan, desde casa, acompañar a sus hijas en la identificación y prevención de estas situaciones.
Comenzamos con una explicación clara sobre la diferencia entre violencia y abuso. La violencia se definió como cualquier acto, palabra u omisión que causa daño a otra persona, mientras que el abuso se presentó como una forma específica de violencia, caracterizada por el uso injusto del poder: ya sea físico, económico, emocional o social.
Exploramos los diferentes tipos de abuso que pueden afectar a las niñas:
- Abuso físico: golpes, castigos corporales, entre otros.
- Abuso psicológico: humillaciones, chantajes, silencios prolongados, invalidación de emociones.
- Abuso sexual: cualquier conducta de connotación sexual sin consentimiento, con o sin contacto físico.
- Abandono o negligencia: descuido de necesidades básicas como salud, alimentación o educación.
Durante la jornada, realizamos una actividad de análisis de casos, donde madres y padres identificaron los tipos de abuso presentes en distintas situaciones cotidianas. Este ejercicio permitió poner en práctica lo aprendido y sensibilizar aún más sobre la importancia de la prevención.
También compartimos estrategias concretas para cuidar y proteger a las niñas:
- Hablar del cuerpo con naturalidad desde temprana edad.
- Enseñar que pueden decir “no” sin miedo ni culpa.
- Fomentar la confianza con los adultos cuidadores.
- Establecer límites claros y saludables.
- Identificar relaciones sanas y diferenciarlas de las dañinas.
Para cerrar el encuentro, realizamos una emotiva actividad simbólica: cada madre y padre compartió una “semillita” que desean sembrar en sus hijas. Estas “semillas” podían ser palabras como valentía, respeto o sabiduría; acciones como escuchar con atención o dedicar más tiempo; o mensajes internos como “siempre puedes contar conmigo” o “recuerda que tú eres lo más importante”.
Estas palabras se convirtieron en pequeños compromisos personales, nacidos del amor y el deseo profundo de proteger y acompañar de manera consciente.
Desde la Fundación seguimos construyendo espacios de formación con sensibilidad, profesionalismo y participación activa. Agradecemos profundamente la presencia y apertura de cada familia en este proceso.
